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Ocho hombres hacia la inmensidad del Pacífico…y del olvido

5/9/22
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160 años de la mayor expedición científica de España en América Latina.

Ni las guerras, ni las revoluciones, ni los nacionalismos lograron frenar la explosión de las ciencias naturales a lo largo del convulso siglo XIX. Las naciones de entonces, seducidas por la estela de prestigio internacional que Alexander von Humboldt había logrado para Alemania, se esmeraron en emular sus viajes y estudios, promoviendo expediciones naturalistas por los confines del orbe conocido. Siguiendo sus pasos e inspirados en su portentoso trabajo, Audubon recorrería Norteamérica describiendo su avifauna, Lyell atravesó Europa estudiando su geología y Darwin y Wallace viajaron por América del Sur e Indonesia para alumbrar a la ciencia centenares de nuevas especies, antes desconocidas. Aquellos hombres arrojados, recorriendo el mundo para medir sus selvas y mares eran, para sus países de origen, un distintivo de reputación y un emblema de poder para los imperios emergentes; Inglaterra, Francia y Alemania en Europa y Estados Unidos en el Nuevo Mundo. Fue la edad de oro de la llamada ciencia imperial o neocolonial.

Esta efervescencia naturalista sorprendió a España con el pie cambiado. La época de las grandes expediciones científicas y el florecimiento de nuevas potencias coincidió en nuestro país con una importante inestabilidad política y la gran crisis económica desatada como consecuencia de la pérdida de las colonias de ultramar; un imperio que fenecía y que, sin embargo, no quiso quedarse a la zaga frente a los estados competidores que trataban de repartirse sus antiguas zonas de poder e influencia, así que, en un último arrebato de prestigio, la corona borbónica reunió fondos para lanzar la mayor expedición científica por la América Latina, una fascinante singladura que pasaría a la historia como la Comisión Científica del Pacífico (1862-1865).

Así las cosas, a principios de 1862 el Ministerio de Fomento de la monarquía isabelina reclutó a los más destacados miembros de la jet set académica y científica del país, seis hombres de reputado prestigio versados en los saberes clásicos de la naturaleza: geología, antropología, zoología y botánica, más un taxidermista y un fotógrafo dibujante. Sus nombres, para conocimiento de nuestras lectoras y lectores fueron:

  • Patricio María Paz Membiela (1808-1874): Presidente de la comisión. Experto en malacología.
  • Fernando Amor y Mayor (1822-1863): Catedrático de Geología y Entomología.
  • Francisco de Paula Martínez (1835-1902): Zoólogo de la Universidad Central.
  • Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898): Zoólogo del Museo de Ciencias Naturales.
  • Manuel Almagro y Vega (1834-1895): Médico. Experto en etnología y antropología.
  • Juan Isern y Batlló (1825-1866): Miembro del Real Jardín Botánico. Experto en botánica.
  • Bartolomé Puig y Gallup (1826-??): Médico anatomista. Disecador y taxidermista.
  • Rafael Castro Ordóñez (??-1865): Fotógrafo y dibujante.

Reunidos los elegidos, la expedición partió del puerto de Cádiz el 10 de agosto de 1862, hace ahora 160 años, y tras cruzar el Atlántico exploraron Brasil,

Uruguay y los Andes ecuatorianos, bajando por Argentina a través de la Pampa hasta Santiago de Chile y Valparaíso, puerto desde el que embarcaron de nuevo para seguir por mar rumbo al estrecho de Magallanes, las Malvinas y el Cabo de Hornos. A partir de 1863 la expedición puso proa hacia California, bajando de nuevo por el Pacífico para adentrarse por la desembocadura del río Amazonas, remontando su cauce hasta la ciudad brasileña de Belén.

En los tres años que duró la expedición (1862-1865), sus miembros elaboraron un profuso estudio de la flora y fauna de América del Sur, con más de 80.000 muestras de la naturaleza y la cultura de los países del cono americano.

Lamentablemente, el intento de la corona de lograr un renacimiento en España del cultivo de las ciencias naturales no tuvo el éxito esperado, ensombrecido por la rápida pérdida de prestigio y poder geopolítico de nuestro país frente a las potencias del momento, el maravilloso trabajo de la comisión, de una valía científica incomparable, fue pasto del olvido.

En el año 2003, en aras de poner en valor la mayor expedición científica de nuestro país, el CSIC organizaba una exposición con más de 250 piezas de aquella singular aventura, desde láminas y bocetos, hasta fósiles, herbarios y objetos personales de los expedicionarios.

Sin duda, tenemos una deuda de gratitud con ellos, con su trabajo y especialmente su recuerdo. Hombres arrojados que abandonaron durante años la comodidad de sus despachos en las universidades y los museos de nuestro país para documentar mares y desiertos, montañas y selvas, en durísimas condiciones de trabajo y faltos de las más básicas comodidades, con el gran fin de dar a conocer y explicar el gran mundo natural en el que vivimos, una fascinante aventura que no debe caer en el olvido y que estuvo a la altura de los grandes viajes de Humboldt, Darwin o Wallace. Ocho hombres embarcados hacia la infinidad del Pacífico que dedicaron su vida a la ciencia y que son, por méritos propios, parte de esos grandes naturalistas que ayudaron a cambiar la historia.

Para saber más:

  • López-Ocón, Leoncio (8 de diciembre de 2003). «La comisión científica del Pacífico: de la ciencia imperial a la ciencia federativa». Bulletin de l’Institut français d’études andines. doi:10.4000/bifea.6118.
  • Parodi Revoredo, Daniel; Gonzáles Miranda, Sergio (2013). Universidad Arturo Prat, ed. Las historias que nos unen. Santiago de Chile: RiL. ISBN 978-956-01-0049-8.
  • de Almagro, Manuel, Breve descripción de los viajes hechos en América por la Comisión científica, Madrid, 1866

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